EL SIGLO XX ENTRE LO CUANTITATIVO Y LO CUALITATIVO EN LA BÚSQUEDA DEL CONOCIMIENTO

Por:

Alicia Scott.

Sofía Scott.

Edgar Herrera.

Desde siempre el hombre  ha estado en la  búsqueda de la verdad, que nos es más que el conocimiento,  para entender el principio de las cosas,  modificarlas y transformarlas para su propio bienestar y el del colectivo; y en ese largo trajinar ha tenido que  luchar contra sus propios dogmas políticos, religiosos y filosóficos que por años mantuvieron al llamado conocimiento científico relegado, a los fines de controlar las sociedades, exponiendo como únicas, e irrefutables, sus ideas, sus verdades,  que no debían ser sujetas a la duda, ni mucho menos a la comprobación.

Pero además, el hombre ha tenido que lidiar, a través de las distintas épocas con las diferentes concepciones que existen en torno  al conocimiento científico y la manera de llegar hasta él. En definitiva, ¿qué es la verdad? , ¿cómo podemos llegar hasta ella?, y  ¿quién tiene la verdad?

Muchas han sido y son las circunstancias que han  rodeado al hombre al momento de interpretar la realidad y creerse dueño de la verdad, para así dominar la naturaleza,  bajo el pretexto del bienestar y el progreso de la humanidad. De hecho, Bacon (1620), máximo exponente del llamado Paradigma Empírico, ya lo decía: “El objetivo de la ciencia era convertir a la naturaleza en su esclava y arrancarle  sus secretos mediante tortura”.

Antes de siglo XX, en el período grecorromano clásico, algunos autores como Zenón, Parménides, Heráclito, Sócrates, y Platón,   se fundamentaron  en el razonamiento y la argumentación;  y, otros, relacionaron el razonamiento con  el registro sensorial,  mediante la observación  sistemática  y la atención a hechos constatables (Aristóteles).

Más tarde, al llegar el Renacimiento, surge el Empirismo como pensamiento crítico revolucionario y como propuesta para la producción de conocimientos científicos; a la vez, surge también el racionalismo como vía revolucionaria para la liberación del pensamiento de las cadenas del dogmatismo y la especulación; no obstante, para inicios del siglo XX, ya el Empirismo Inductivo, también identificado como el Positivismo, se erige  como la más importante manera de llegar hasta el conocimiento científico.

Sin embargo, a lo largo del siglo XX se fueron creando distintas posturas que han generado una gran diatriba en torno al conocimiento científico, evidenciándose  un salto cuantitativo y cualitativo en torno a la manera de concebir la ciencia, los aportes que ella ha hecho a la humanidad, y los nuevos modelos o paradigmas surgidos para tratar de llegar hasta la verdad.

Es así como, en contraposición al empirismo inductivo que propugnaba el uso de un lenguaje lógico y la unificación de la ciencia, mediante un mismo y único patrón;   surge el racionalismo deductivo, cuyo máximo representante es Karl Popper y aunque  este movimiento  logra dominar el terreno de las investigaciones tecnológicas de las llamadas ciencias duras y algunos ámbitos humanísticos como la Economía y la Lingüística, no llega hasta áreas como las ciencias sociales donde prácticamente no tuvo acogida. Para los racionalistas deductivos, un enunciado cualquiera será científico en la medida que más se arriesgue o se exponga a una confrontación que evidencie su falsedad; es decir, la ciencia se diferencia de otros conocimientos por ser falseable y no verificable.

A las posturas del empirismo inductivo y del racionalismo crítico deductivo, se oponen quienes defienden el socio-historicismo, por considerar que deben tomarse en cuenta los factores sociales e históricos que rodean el quehacer científico en las distintas épocas, surgiendo  así orientaciones que buscan resolver necesidades muy específicas de ciertas áreas del conocimiento, principalmente en las Ciencias Sociales. Enfoques como la etnografía, la etnometodología, la  investigación-acción, la investigación participante se ponen en boga y dan lugar a una terminología diferente como: escenario, triangulación, consenso, visualización, etc.

Kuhn (1975) propulsor de la corriente socio-historicista, introduce conceptos como: comunidad científica, paradigma , revolución científica, entre otros, y señala  que las teorías científicas no se superan una a otras por ser falsas, sino debido a las crisis o pérdidas de fe en ellas, lo que ocurre debido  al contexto sociohistórico en que se desarrollan los conocimientos científicos.

Por su parte Feyerabend, es todavía más radical cuando afirma que no existe el Método y que, en consecuencia, cada quien puede usar el método que quiera, es decir, postula el llamado “anarquismo epistemológico”,  y postula su “inconmensurabilidad” de las Teorías, que no es otra cosa que  la imposibilidad de comparación de dos teorías cuando no hay un lenguaje teórico común.

En el siglo XX también surge la Escuela de Frakfurt, que se acoge a las tesis marxistas de la Dialéctica y el Materialismo Histórico, con un enfoque igualmente antianalítico y sociohistoricista del conocimiento científico, y sustituye la concepción analista del racionalismo por la interpretación hermenéutica y la lógica dialéctica, así como el concepto de explicación por el de comprensión, como proceso de validación del conocimiento.

De manera tal que todas estas nuevas corrientes  han promovido, en el seno de las Ciencias Sociales, opciones metodológicas que rechazan el lenguaje lógico-matemático o cuantitativo, tienen preferencia por las técnicas no estructuradas para la recolección de datos, y reconocen la experiencia del investigador en el conjunto de las fuentes de datos investigativos; estas son las denominadas técnicas cualitativas.

Nadie puede negar los significativos aportes que cada pensador, filósofo o investigador ha hecho al conocimiento científico, a lo largo de la historia;  nadie debería negar tampoco los grandes avances desde el punto de vista científico logrados mediante el paradigma positivista; pero nadie puede, sin embargo, negar el hecho social e histórico como factor decisivo en el devenir científico y cómo hoy más que nunca se hace necesario el estudio de los problemas sociales mediante métodos más flexibles, que entiendan que el objeto de estudio no es ajeno al sujeto que lo estudia, sino que es afectado por éste y  que comprendan que la realidad objeto de estudio es muy compleja y que sólo podemos llegar a pequeños fragmentos de ella.

Sin lugar a dudas que hoy día el hombre entiende que hay una complejidad de nuevas realidades emergentes, como las del campo subatómico y en el astronómico o en la Neurociencia,  que revelan que nada es exacto y  que existe una fuerte interdependencia entre los elementos del universo, lo que, a juicio de Martínez, (1983), exige un nuevo paradigma epistémico que vaya más allá de la multidisciplinariedad y que llegue a una verdadera interdisciplinariedad que deberá explicar todo lo que es “real”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: