Ensayo Sobre el Paradigma Cualitativo

EL PENSAMIENTO DE FOUCAULT, SU ABORDAJE.

Por: Sofia Scott

Los planteamientos posmodernistas de Michel Foucault, lo ubican, a mi entender, dentro del fundamento epistemológico de la complejidad, con un enfoque dialógico, persiguiendo como fin último la construcción de una nueva concepción de la  educación, enmarcado en paradigmas bajo momentos cualitativos y cuantitativos, su propuesta plantea una nueva realidad donde las personas, respetando la diversidad, se relacionan, se integran, funcionan en un mundo holístico.

Foucault concluye que el saber no es sencillamente algo accesorio al poder, sino que cualquier saber arrastra efectos de dominio y el ejercicio del poder suscita saberes con sus regímenes de verdad. En el cruce de saber/verdad-poder son capturados los cuerpos, al devenir blancos de lo verdadero, objetos del saber y lugares para que el poder anide.


Sabemos que el pensamiento complejo se construye con el lenguaje, la lengua y el habla, con sistemas de signos y con una significativa diversidad simbólica. Es producto de una intencionalidad colectiva que se apoya en la comunicación como génesis de la sociedad. El pensamiento complejo se convierte en un útil fundamental para acceder al saber profano que sirve de base para interpretar la realidad y se constituye en materia prima para que el científico social, por intermedio de procesos dialógicos, con proposiciones dialécticas de ordenamiento, clasificación, construcción de categorías y elaboración de conceptos, adquiera la capacidad de erigir cuerpos estables de ideas para la generación del conocimiento científico.

La comunicación como promotora de la confluencia con el otro, en el reconocimiento del otro, en el principio de alteridad de que “el otro soy yo”. La comunicación en la complejidad como un modo de pensar, es también una acción colectiva imbricada con las regularidades y las intersubjetividades con que se produce el fenómeno social.

POSMODERNIDAD

El término posmodernidad nace en el dominio del arte y es introducido en el campo filosófico hace una década por Jean Lyotard con su trabajo La condición moderna (1983). La noción se ha difundido ampliamente pero en general su uso indiscriminado conduce a confusión, ya que en realidad pueden distinguirse tres actitudes posmodernas:

La primera, la de aquellos que van a la zaga de la escuela neomarxista de Frankfurt; los Habermas, los Adorno, los Eco etc, que critican a la modernidad en aquello que le faltó llevar a cabo como proyecto moderno de los filósofos del Iluminismo. En una palabra, su crítica a la modernidad radica en que no acabó su proyecto.

La segunda, es la de aquellos representantes del pensamiento débil, los Lyotard, Scarpetta, Vattimo, Lipovetsky etc., que defienden un posmodernismo inscrito en la modernidad. Es decir que son los autores que en su crítica a la modernidad proponen una desesperanzada resignación. Pero sin abandonar su confianza en la razón entendida al modo moderno. Así podrá afirmar Lipovetsky; “No tiremos al niño con el agua del baño: las perversiones de la razón prometeica no condenan su esencia. Si la razón moral amarra el cabo, sólo la razón instruida puede acercarnos a puerto” (G. Lipovetski: El crepúsculo del deber, Ed. Anagrama, Barcelona, 1994, p. 19).

Su mérito estiba en que la aguda descripción de una realidad alienante que entorna al hombre de hoy, como lo es el poder caso omnímodo de los medios de comunicación con su capacidad de «dar sentido»  a las cosas y noticias que valoradas y analizadas en sí mismas carecen de sentido». La obsesión por lo nuevo, que lo hace convertible con lo verdadero, el dominio de la publicidad, que al poner el ser a la venta confunde la existencia con mercadería. La manipulación de la naturaleza por la técnica, considerada falsamente como un instrumento con neutralidad ética.

El siglo XVII se caracteriza por el intenso y rápido progreso de las ciencias de la naturaleza, en donde Bacon y Galileo destacan como métodos de investigación: la experimentación y el cálculo matemático. Este progreso inmenso en un dominio del saber llevó al hombre moderno a postular para todo el campo del saber y del obrar humano como principio incontrastable del progreso indefinido.

Ya con el Renacimiento, siglo XV, Dios deja de ser el centro de reflexión para pasar a ocupar su lugar el hombre en cuanto sujeto. Es decir, el hombre pasa a ser considerado como creador de un mundo propio cuyo espíritu y dignidad se revelan en las obras maestras de la antigüedad clásica.

Y, ¿cual es el instrumento que permite a ese hombre el acceso a ese ideal del progreso indefinido? Una facultad que le pertenece por derecho propio: la razón. Y específicamente, la razón calculadora exaltada por la ciencia matemática como órgano idóneo para el descubrimiento de las leyes que regulan la experiencia y constituyen la estructura racional del mundo. La atribución de un poder omnímodo a la razón por parte del hombre moderno, fue a partir de ese momento un hecho normal, natural y evidente.

La democracia como forma de vida es uno de los últimos relatos de la modernidad. Comienza a constituirse en paradigma universal a partir del último cuarto del siglo XVIII, y es la Revolución Francesa su gran impulsora. Y es la versión liberal de la sociedad política la que da origen a la democracia moderna. No percatándose que la democracia es una forma de gobierno, como lo son la monarquía o la aristocracia, y que por ende, reducir al hombre sólo a la forma de vida democrática, es encorsetarlo y privarlo de las múltiples y variadas formas de vida que el hombre se da, y se puede dar a sí mismo para existir plenamente.

La subjetivización del Cristianismo nace con el libre examen de las escrituras impulsado por la Reforma protestante del siglo XVI encabezada por Lutero y Calvino, y se consolida con el primado de conciencia del filósofo Descartes para quien el descubrimiento de la verdad es obra personal de la razón que actúa y vive en cada individuo. El «pienso, luego existo» es la única verdad incuestionable a que arriba la razón cartesiana. Esta subjetivización del cristianismo produjo como resultado una cristiandad partida en sectas como la que hoy vivimos en América. Para beneficio exclusivo de los bussiness-predicadores y endeudamiento de los fieles que les siguen.

El último de los grandes discursos de la modernidad es la manipulación de la naturaleza (hombre-incluido) por la técnica. Este relato quiere significar que la instrumentación práctica del poder omnímodo que se lo otorgó a la razón, puede hacer con la naturaleza y con el hombre lo que quiera. Sosteniendo que la pauta moral está justificada por su propio progreso.

Estos grandes relatos de la modernidad quebraron. No tanto por la crítica que se le hiciera desde una óptica premoderna, sino por las consecuencias contradictorias a que los mismos arribaron.

Así, al progreso indefinido de las ciencias físico-naturales lo detuvo la quiebra de la física clásica por parte de los Einstein, los Plank y los Heisenberg. Así como la falta de un acorde progreso moral, por no hablar mejor de retroceso, del hombre contemporáneo.

Al poder omnímodo de la razón lo quebró no sólo el descubrimiento del inconsciente (Freud) sino la función desenmascadora de lo irracional (Nietzsche) y la captación emocional de los valores (Scheler).

A la democracia como forma de vida, la frustró no sólo el fracaso de los gobiernos socialdemócratas sino además la afirmación de otras posibilidades de organización política, fuera del marco del capitalismo liberal (de Marx a Kadaffi). Y en nuestros días la lucha de los pueblos (de croatas a kurdos) siguiendo sus ideales nacionalistas para seguir existiendo en la historia.

A la subjetivización del cristianismo, la opción preferencial por los pobres de la Iglesia católica que supera el ámbito individual para insertarse raigalmente en el dominio social. El mensaje, en última instancia iluminista de la teología de la liberación de los años setenta-ochenta, está siendo reemplazado hoy por la teología del marginal en hispanoamérica. Desde el campo filosófico la consolidación definitiva de la fenomenología y su lema ir a las cosas mismas terminó con el psicologismo subjetivista.

El espíritu de lucro no parece quebrado aún. Pero la disconformidad con él, por parte de los pueblos dependientes, es algo manifiesto; a pesar de la machacona publicidad del modelo de globalización neo-liberal. De tanto vivir con «la ñata contra el vidrio -en este caso el de la televisión- y no poder adquirir ninguno de los productos que como panaceas nos ofrece el primer mundo por carecer de medios, hace que la opción de vida sea más y más la marginal o informal.

Por último, la manipulación de la naturaleza y del hombre por la técnica, ha concluido en la alienación y dependencia del hombre en sus propios productos. El hombre no sólo como esclavo sino al sentirse producto de la técnica, comienza a reaccionar de la única manera posible: con serenidad para/con las cosas. Se da cuenta como observó agudamente Heidegger que «podemos usar los objetos técnicos, servirnos de ellos en forma apropiada, pero manteniéndonos a la vez tan libres de ellos que en todo momento podamos desembarazarnos de ellos» Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva época, la quiebra de los paradigmas abarca todos los dominios. Comenzando por la tan mentada quiebra del equilibrio ecológico. La confusión de las funciones es total (Ej: el político es empresario, el deportista pensador, el santo asistente social, los estultos son filósofos, etc).

No existe una visión totalizadora del hombre, el mundo y sus problemas, sino retazos, visiones parciales y coyunturales. El hombre está forzado a preguntarse nuevamente por él, a tratar de encontrarse a sí mismo, y ello no es fácil, pero no le queda ninguna otra salida genuina.
Está obligado a instaurar un nuevo arraigo en el mundo, que se funde en la preferencia de su propia ecúmene cultural y en su pertenencia a un suelo. De lo contrario se transformará en un homúnculo.

Ricoeur y Foncault comienzan a elaborar lo que hoy es conocido como “La Teoría de la Posmodernidad”. En ella se plantea que la razón y los valores sostenidos en la Modernidad no se adecuan a la realidad de ese entonces.

La posmodernidad se despliega entonces alrededor de los siguientes preceptos:

·  Caída de los ideales de conocimiento de la modernidad. En la cultura actual no hay verdades universales, necesarias ni definitivas sino mas bien verdades provisorias y contingentes

·  Crítica y rechazo de los ideales éticos y del progreso social inherente a la Modernidad. Esto equivale al fin de las utopías. Las sociedades están teñidas por el desencanto.

·  Se cuestiona a la ciencia y al cientificismo. El desarrollo de la investigación científica no debería ser considerado un fin en si mismo, sino un bien cuyo valor ha de ser medido sobre las bases de criterios de impacto social

·  Se reconocen otras formas de racionalidad además de la científica.

Para estudiar el postmodernismo es necesario hacer referencia a los grandes pensadores de este paradigma, como lo son los franceses Jaques Derrida, Michael Foucault y Jean Lyotard y el estudioso estadounidense Richard Rorty. Estos posmodernistas critican abiertamente el paradigma modernista y rechazan todo control objetivo y absoluto de la ciencia en la producción del conocimiento, dejando abierto el camino interdisciplinario como mecanismo alternativo para el desarrollo de la ciencia y el entendimiento humano.

La  Crisis Actual en las Ciencias Sociales:

En los Actuales momentos cuando no se puede seguir obviando lo acelerado y cambiante que va el sistema social a nivel mundial, se observa claramente la crisis social en todos los aspectos, ya que el mismo se ha venido degenerando tanto en el sistema capitalista mundial como la desaparición del llamado mundo socialista que tanta tela dio que cortar.  Ahora bien, esto no quiere decir que su fundamentación  e ideologías no han abierto paso a nuevos modelos que han venido a tomar el nuevo rumbo de los países tercermundistas que vienen cabalgando a paso agigantado, dejando a tras viejos paradigmas para remontar nuevos, que generen cambios positivos dentro del pensamiento del actual ciudadano.

Hoy en día se observa que existe una gama de ideas y transformaciones sociales que se presentan como grandes retos para los investigadores de nuestra epoca, ya que hay que romper con los viejos modelos y construir nuevas metodologías cualitativas de las verdaderas ciencias sociales, que sean autónomas, interpretativas, eminentemente comprensivas de las nuevas realidades y un ingrediente muy importante: flexibilidad, esto quiere decir que se debe dejar  a un lado la rigidez para  futuras generaciones.

En Latinoamérica es donde se comparte la posición que sobre la crisis  de las ciencias sociales posee Heinz Sonntang (1989), cundo nos habla de los nuevos retos que deben enfrentar estas ciencias en un tiempo como el presente.  En este orden de ideas es Latinoamérica el epicentro si se quiere de tales transformaciones ya que las mismas deben renovarse no sólo abordando  nuevos temas, sino resignificandolos para llevar a cabo el vuelco total de transformación social que se merece el idividuo actual; que le genere mejor sistema político, social, cultural y económico que requiere la humanidad.

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